EL COMBATE DECISIVO

”En el principio ya existía la Palabra...”

Hoy no sabía por dónde hincarle el diente a este texto impresionante del prólogo de Juan que escuchamos por tres veces en el tiempo de Navidad. Y es que es tremendo, porque si en los pastores descubrimos el acontecimiento del Nacimiento de Cristo desde el lado más humano, en este prólogo del evangelio de Juan vemos el mismo acontecimiento desde el lado más divino, desde la perspectiva del cielo y del plan de Dios sobre nosotros.

En el principio. Esta es la cuestión. ¿Qué hay al principio de todo? ¿De dónde parte tu vida? ¿Dónde te apoyas? ¿Cuáles son tus cimientos? Porque si no ponemos al centro de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras relaciones, la relación con Dios nuestra cosas nacen torcidas y van a terminar mal.

Desde el pecado original hemos pensado que todo parte de nuestra iniciativa, ¿por qué no comer del árbol prohibido? ¿No te das cuenta de que Dios no quiere que seas como Él? Y así es la segunda tentación de Cristo en el desierto...tírate de aquí a abajo, oblígale a Dios a manifestarse.

Y así siempre. Nos ponemos frente a nuestra propia vida con sus dificultades y problemas y pensamos que la clave es partir de nosotros mismos, sacarnos nosotros mismos las castañas del fuego, transformar nosotros la realidad, darle una vuelta a las cosas. Y peor aún cuando lo pretendemos en los demás, a quienes cuando vemos equivocados les recriminamos que así no pueden seguir y pretendemos obligarles a cambiar de vida.

Menos mal que viene la Navidad año tras año a recordarnos que lo que de verdad cambia las cosas es el amor de Dios. Que todo lo demás pasa y se desvanece como el humo. El amor, solo el amor transforma el mundo. Solo el amor de Dios ilumina las tinieblas del mundo.

Antes que nada, al principio de todo, no está la duda, no está la incerteza, no está la nada. En absoluto. Al principio de todo está el amor de Dios. Antes que nada está esta luz que viene al mundo a iluminar a todos los hombres. Porque si yo no tengo esta luz de Cristo, de aquel que hoy viene al mundo por mi, de aquel que me considera importante, de aquel que me ha considerado digno de su cansancio, que me ha comprado con toda su sangre, que me ha dicho que valgo toda su pasión y muerte, si mi vida no parte de este amor estoy completamente perdido.

Este es el combate más decisivo de nuestra vida. Acoger a Cristo. Acoger el amor de Dios que otra navidad viene a salvarnos.

¡FELICES REYES A TODOS!