SU CUERPO LLAGADO

”Señor mío y Dios mío.”

Segundo Domingo de Pascua. Domingo de la misericordia. Y ¡cómo me cuesta ponerme a escribir!

No sé dónde leí, (será que me voy haciendo mayor y se me van olvidando muchas cosas), que la única obra del hombre que hay en el cielo son las llagas de nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que la humanidad entera le ha dado a Cristo: sus llagas. Las que hoy toca Tomás. Las que nos permiten colarnos por el costado abierto hasta el corazón del mismo Cristo. Las que Cristo mismo muestra a su Padre para interceder hoy por ti y por mí. Como si le estuviese diciendo hoy a Dios mismo: “mira Padre, yo he dado la vida por aquel y por el de más allá, ayúdale, ten misericordia de él, que por él he dado yo la vida, aquí está la prueba. Mira mis manos traspasadas y mis pies heridos, asómate a mi costado y contempla mi corazón herido por el amor que les tengo”.

¡Qué maravillosa la Pascua! ¡Cuánto nos ha amado el Señor! Ojalá puedas tocar hoy sus llagas. Ojalá puedas gustar su misericordia. Ojalá tocar a Cristo te lleve a la profesión de fe que hoy escuchas en labios de Tomás. La más sencilla y la más sublime: “Señor mío y Dios mío”.

Ya no es señor de mi vida el amor al dinero. Ya no es señor de mi vida el afecto medio neurótico que tengo por mi hijo. Ya no es señor de mi vida mi egoísmo, ni mi sexualidad desordenada. Ya no es señor de mi vida mi vanidad ni mi deseo de quedar siempre por encima del otro a costa de lo que sea. No. Ahora Cristo, solo Cristo es mi señor.

¡Cristo es el Señor! Verdaderamente ha resucitado. Y tiene poder para ayudarte hoy en lo que sea que tú estés viviendo, en tu incredulidad y en tu amargura. El ha dado la vida por nosotros y tiene poder para darnos a nosotros una vida completamente nueva, su propia vida.

Por eso donde hay un verdadero cristiano, donde se presenta quien haya tocado las llagas de Cristo, quien haya gustado de su misericordia, hay siempre un mártir. Hay uno que da la vida por el otro. Uno que no tiene miedo a amar hasta el extremo. Donde hay un cristiano todo se cura. No hay odio. No hay guerra. Donde hay un cristiano no hay robos, ni violaciones. Donde hay un cristiano hay amor verdadero y hay paz.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola