Esta tarde estaba pensando que el Señor viene siempre a ayudarnos en nuestra poca fe, en nuestro moralismo, en nuestra debilidad, en nuestros pecados. Viene a sacarnos de la muerte en la que nos metemos todos los días. Hoy el Señor llena la sala del banquete de malos y buenos por si te quedaba dudas de nuestro moralismo. Para que no te fustigues siempre mirando tus pecados, viendo que no eres tan bueno como pretendes. No. No le des cacharrazos a la vasija de barro, que ya sabes que es de barro. Porque el fruto del moralismo es rompernos todavía más. Somos de barro. Dios solo quiere amarte, no viene con más pretensiones. Viene sencillamente a amarte y te invita a un banquete, a una fiesta, a una boda.
Y sale a buscar a los que se encuentran en el cruce de los caminos. A los que no saben por dónde tirar con su vida. Ha mandado a su hijo Jesucristo a buscarte a ti y a buscarme a mí. Y nos ha encontrado indecisos, sin saber qué hacer, destruidos por nuestros pecados, y nos ha invitado a la boda.
Nos ha encontrado pobres. Nos cuesta vivir la castidad. Nos cuesta llevar adelante el matrimonio. No puedes perdonar a tu esposa, o a tu esposo. Te hierve la sangre cuando alguien te corrige. Llevas dentro una ira que te asusta cuando la dejas salir fuera... Y nos ha invitado a la boda, a su boda.
Y mira por donde has pasado de ser invitado a ser esposa. Él ha venido a desposarse contigo. Quiere hacerse una sola carne contigo. No eres uno más en este evangelio. Eres la esposa. Qué Él haga de nosotros hombres santos. Que nos haga uno con Él. Qué Él lo haga.
Él es el esposo de la boda. El “hijo del Rey”. Él sabe de tu barro, le gusta tu barro. Ya sabe que eres pecador, que eres un pobrecillo. Sabe de tu fragilidad. Él te conoce y ha salido a buscarte. Solo Él puede habitar esta vasija. Es un tesoro enorme. Es Cristo mismo, para que dejes de mirar ese barro que tanto te molesta y descubras el tesoro escondido que llevas dentro.
Como dice la primera estación del viacrucis de Hakuna: “¿Qué viste en mí? Sabes que yo no merezco tanto. Pero yo necesito, tu amor infinito. Por favor, no me dejes sin ti.” “He preferido cualquier cosa antes que a ti...y aun así me dices que me amas. No sé qué viste en mí.”
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola
