¡Qué grande el Señor! Con qué paciencia nos enseña y nos mima. Y aun así, mucho me temo que toda nuestra filosofía del “ganar” sea, para Jesús, balones en “fuera de juego”, ahora que estamos en el mundial.
Pero es que nos han educado para ganarlo todo. Sea lo que sea: oposiciones, elecciones, competiciones, concursos, juegos de azar... Que hasta cuando compramos boletos en una tómbola de Cáritas, puede que lo que menos nos importe sea la caridad y lo que más nos importe sea ganar alguno de los premios que allá se exhiben, cuanto mejor sea el premio...mejor, claro.
Qué pronto se nos olvida aquello de... ¿de qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma? Aquella pregunta martilleante que el de Loyola lanzaba al navarro de Javier hasta que entendió que hay otra escala de valores, poco atractiva, pero mucho más productiva. Y otro Francisco, el de Asís, se despojó de sus galas para casarse con “Madonna Povertá”, los que contemplaron la escena, los bien pensantes del pueblo, juzgaron que aquel chico estaba loco, que había perdido todo, hasta el juicio. Pero él sabía que había ganado al verdadero Padre, al del Cielo. O aquel mendigo de Tagore, cuando vació sus alforjas, supo que, en vez de perder un grano de trigo, había ganado un grano de oro.
Cuando Jesús invitó al joven rico a venderlo todo y dárselo a los pobres, no le invitaba a perder, sino a ganar. Podéis poner aquí lo que queráis y siempre será lo mismo. El padre autoritario que pide perdón a su hijo cuando se equivoca, aunque crea perder, pronto verá que gana: respeto, amor y admiración. El apóstol que pierde su tiempo atendiendo a los demás, en esas labores que nadie paga y casi nadie aplaude, al fin ve que es ganar: que hasta un vaso de agua que deis en mi nombre, tendrá su recompensa.
Un pasaje verdaderamente refrescante en medio de estos calores de verano, que por cierto parece que ya termina y que empezarán a bajar las temperaturas.
Que el Señor nos ayude a todos a poder poner el corazón en lo que de verdad importa. Yo me voy a Medjugorje con chavales este lunes. Rezad por nosotros. Allí escuché algo que un día me marcó: que el amor es la llave del cielo. ¡Feliz verano!
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola
