¡DICHOSO TÚ, QUE HAS CREÍDO!

”...fue aprisa a la montaña...”

¡Qué emocionante la liturgia! ¡Qué emocionante la historia de la salvación! El ángel visita a Zacarías, e Isabel queda encinta. Al día siguiente el ángel visita a María y ya está en su seno el Señor. Y antes del nacimiento de los dos, este encuentro: dos primas, María e Isabel, y dos primos, Juan y Jesús.

Pues esto tan bonito se vuelve a repetir. Hoy el Señor te visita en la eucaristía, en este banquete donde el Señor se hace presente, donde el Señor baja del cielo. El mismo que hizo saltar de alegría a Juan Bautista en el seno de su madre, el mismo se hace presente en el altar. El mismo. No es otro. Ni es un teatro. Es el mismo.

A ver si te alegra. Yo necesito estar alegre. ¿Tú lo necesitas? ¿Tú necesitas que el Señor te alegre la vida? ¿Qué te dé una muy buena noticia? Que te ama.

En cuanto oyó el saludo de María...y ¿cuál es este saludo? Shalom. La paz contigo. Ese saludo, ninguno más. No llegó allá preguntando cómo iban las cosas, o cómo dejaban de ir. María dijo: La Paz contigo. María traía a Cristo.

Este tiempo de adviento, apenas dos días más, aprovecha para entrar en intimidad con María. Ella tiene prisa por traerte a Cristo. No la llamó Isabel para decirle nada, ni para pedirle que la visitara. María salió deprisa para llevarle a su hijo. Fue a la montaña y quiere ir hoy a tus montañas y las mías. Tantas cosas que nos superan, que no podemos con ello, que nos angustian, eso en lo que no puedes dejar de pensar. Que parece que te va a explotar la cabeza. No lo aguantas. El matrimonio, la soledad, la vejez, la enfermedad, lo que sea. Tus montañas tienen un nombre. Y allá, a esa montaña, viene María y te dice lo mismo que a Isabel: la Paz contigo.

Ojalá se alegre este niño que está dentro de ti. Este niño que es la fe que has recibido en la iglesia por el bautismo. Y ojalá que puedas decir como Isabel: ¿y quién soy yo? Si yo no soy nadie. Si no soy nada, para que me visite la madre de mi Señor, para que me visite la Virgen María, para que me traiga a Jesucristo.

Y se llenó Isabel del Espíritu Santo. El espíritu que todo lo hace nuevo. Hoy tu vida se puede transformar. ¿Tú crees esto o eres un incrédulo? Si de verdad lo crees, bendito tú, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!