ALÉGRATE

”¿Qué tenemos que hacer?”

El Señor nos invita hoy a la alegría. Y a lo mejor me dices….pero ¿cómo voy a estar alegre con esta esposa, o con este marido? ¿Cómo voy a estar alegre con esos vecinos que tengo? ¿Cómo voy a estar alegre si se acaba de morir mi abuelita? ¿Cómo voy a estar alegre con esta precariedad de salud que me has dado? ¿Cómo voy a estar alegre si llevo buscando novio toda mi vida y sigo aquí soltera ya rozando los cincuenta?

¿Cuál es la verdadera alegría? Que Dios te ama hoy. Que te ama como eres. Si esto no te pone hoy alegre es que no sabes cómo eres. No sé cuáles son tus pobrezas, tus debilidades, ni cómo te has comportado con el otro ni lo que has vivido esta semana. ¿Has despreciado a alguien esta semana? ¿Has pensado mal de alguien? ¿Has hablado mal de alguien? Seguro que sí. No sé cómo vienes este domingo a la eucaristía, pero así como vienes Dios te ama. Hoy Dios te ama y esto es lo que celebramos en la eucaristía.

Le preguntan al Señor los publicanos, que eran ladrones, que colaboraban con los romanos para extorsionar a su propio pueblo: ¿Qué tenemos que hacer? Y Juan no les dice que dejen de ser publicanos. Les dice lo normal, que hagan lo que tienen que hacer con sencillez y lealtad. Que sean honestos y vivan en la verdad. Y que sean libres.

Y los soldados, acostumbrados al soborno, le preguntan también a Juan. Y Juan les invita a una cosa que parece sencilla: contentaos con la paga. Y tú, ¿te contentas con la paga? Menuda pregunta. Te la hago de otra manera a ver: ¿estás contento con la vida que tienes, con tu historia, con lo que Dios permite en tu vida? Porque eso es lo que Dios te da. ¿Estás contento con los hijos que tienes? ¿Con tu esposo? ¿Con tu esposa? O ¿te gustaría cambiarlos? Porque si los quieres cambiar es que no estás contento con la paga que Dios te da.

Ánimo, hermano, conviértete. Entra en tu historia con sencillez y espera ahí al Señor que ya llega. Que es grande y está en medio de ti. No tengas miedo. Alégrate como Jerusalén, porque el Señor se goza y se complace en ti, y lo hace con júbilo como en día de fiesta. No desfallezcan tus manos, que el Señor está cerca, que viene y que vendrá.

¡Ánimo, no tengas miedo! Conviértete, no exijas más de lo necesario y conténtate con tu paga.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola