LA PREGUNTA DEL MILLÓN

”¿Tú eres rey?”

Tengo de fondo de pantalla en el ordenador y en el móvil una imagen del Cristo románico de Torres del Río que me vuelve loco. Lleva corona de rey, reina desde la cruz, y cada día, a cada rato, me pone frente a la pregunta del millón: ¿Tú eres rey? ¿Eres el rey de mi vida?

En los tiempos antiguos los súbditos pagaban tributos y a cambio el rey, su rey, los protegía y los defendía. Y es que todos tenemos un rey con el que nos sentimos seguros, con el que nos sentimos protegidos. ¿Será Cristo este rey? ¿Dónde estoy apoyando hoy mi vida? Porque puede que esté buscando seguridad en cosas que no me dan la vida. Y tú, ¿dónde apoyas tu vida? ¿Quién es tu rey? Porque puede ser tu marido, tu mujer, o tus hijos. O tal vez el dinero, o la fama, la vanidad, la moda. Puede ser tu trabajo. ¿Quién es tu rey?

Que si tu rey es Cristo, ¿por qué juzgas al otro? Porque Cristo no juzga. Y si tu rey es Cristo, ¿por qué te emborrachas? ¿Por qué adulteras? ¿Por qué robas? Y Jesús calla, como delante de Pilato, sin echarte en cara nada. Como oveja ante el esquilador. Es muy curiosa esta fiesta. Porque todo este diálogo entre Jesús y Pilato va a tener lugar en el pretorio, un lugar donde ningún judío podía entrar, lo más contrario al “sancta sanctorum”, el lugar de la impureza absoluta. Pues hasta ahí ha entrado Cristo en este día.

Puede que no tengas claro quién es tu rey. Pero conoces muy bien cuál es tu pretorio. Cuál es ese lugar en lo secreto, en lo profundo, donde tú no te gustas, donde ni tú tan siquiera te soportas. Es un lugar impuro que nadie conoce. Igual ni el cura porque nunca lo has confesado, donde tú estás solo con tu pecado. Pues ahí, en ese pretorio, quiere entrar Cristo en este día para poder amarte, para reinar.

Mira a Cristo en la cruz y descubre allá a Dios que reina amándote, entregando su vida por ti. Lo hizo hace dos mil años y la sigue entregando cada día. Él solo sabe amarte y no se aburre de dar la vida por ti. No se cansa de ti aunque le obligues a pisar tu pretorio, donde ni tú te aguantas, donde no te soportas. No. No se cansa de amarte.

Es rey por tus pecados y los míos. Le han llevado a la cruz. Dios del mal saca el bien. Y en la cruz reina.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola