ESCUCHANDO EL AMOR

”No estás lejos del Reino de Dios.”

El Reino de Dios está en amar: en amar al Señor y amar al prójimo. Punto. Ése es el reino de Dios. Todo o demás son leyecitas, palabrería, cositas, que nos inventamos los hombres.

Y el Reino de Dios ha llegado ya. Cristo nos ha abierto esta posibilidad de que tú y yo amemos así. Decía el salmo: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza”. ¿Tú puedes decir que amas al Señor? ¿Que es tu fortaleza? ¿O tu fortaleza es otra? ¿Es tu fortaleza el dinero, que hoy te permite vivir tranquilo sin pensar demasiado en el mañana? ¿Es tu fortaleza tu manera de ser que te hace caer siempre de pie? ¿Cuál es tu fortaleza? ¿De verdad podemos decir “yo te amo Señor”? ¿A quién amamos?

Con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo tu ser, con todas tus fuerzas. No amamos al Señor así ninguno, pero no estamos lejos del Reino de Dios. Y esto hoy viene en nuestra ayuda. Porque seguro que estamos amando poco al Señor, o nada, pero sabemos dónde está el Reino de Dios. Estamos amando poco a nuestro prójimo, pero sabemos donde está el Reino de Dios.

Por eso el Señor nos invita a “escuchar”, porque el amor se escucha y es necesario tener el oído abierto para poder amar a Dios con todo el corazón, por encima de tus afectos, por encima de tu mujer o de tu marido, por encima de tus hijos, por los que estoy seguro que darías la vida. Pues por encima, Dios.

Con toda la mente, por encima de tu razón que siempre reclama justicia, dejándote crucificar con Cristo. ¿Crees que puedes hacerlo? ¿Crees que amas hasta ese punto? Espera a mañana y me lo cuentas, cuando vayas a trabajar el lunes y que tu jefe desprecie tu trabajo, o lo que sea. Con todas tus fuerzas, por encima de tu dinero, ese que has conseguido con tanto esfuerzo, que es tu salario, que lo has ganado justamente.

Cristo ha cumplido esto porque sabe que tú y yo no lo podemos cumplir. Míralo en la cruz: con todo el corazón traspasado por una lanza, con toda la mente coronada de espinas, con todas sus fuerzas clavado de pies y manos en la cruz. Y lo ha hecho por ti, para que el Reino de Dios llegue a tu vida Para que puedas escuchar este amor: que el Señor te ama, que está contigo, que se muere de amor de estar contigo. Escucha este amor porque amarás así como Él ama.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola