ADVIENTO

”Estad siempre despiertos.”

Nos da el Señor una gran alegría para abrirnos las puertas del Adviento con esta palabra. Aquí se puede aplicar aquello de “quien nada debe, nada teme”. Porque muchos cuando se habla de que viene el Señor, piensan que viene a recriminarnos, a darnos con un palo en la cabeza. Te has portado mal, has hecho no sé qué...pues vas a pagar por ello.

El Señor ha enviado por delante a alguien que ha pagado por nosotros. Dios se encarna, se hace hombre, solo para una cosa: para pagar tus deudas y las mías. Para eso ha venido el Señor. Si tuviera que elegir un sitio para el belén de la parroquia, yo lo pondría a los pies de la cruz. De esa cruz inmensa que preside el templo. Y pondría un cartel: nace para una sola cosa, para dar la vida.

Por eso, estad despiertos en toda ocasión. ¡Qué maravilla de anuncio! Porque, ¿cómo vive el mundo la Navidad y el Año Nuevo? Con juergas, borracheras, con las inquietudes de la vida. Tú, en cambio, estate atento: que no se seque tu fe en este Adviento ni en esta Navidad. Todo lo contrario. Que este tiempo sirva para renovar tu fe, para cuidar lo que has recibido. Para ayudarte, para que te dé más fuerza, porque viene alguien muy importante, el más importante, el único que te puede salvar: Cristo. Ése viene.

Y te dice hoy que va a llegar a tu vida. Viene el que ha saldado por todos al eterno Padre la deuda de Adán, como decimos en el pregón de la noche más santa del año, de la Pascua. Las cuentas ya están ajustadas. Todo está pagado. Por eso el encuentro con Jesucristo, el encuentro con el Amado, es el momento más feliz que puedas vivir nunca. Ojalá que el Señor nos lo conceda.

Y ojalá que nos lo conceda aquí en esta vida, que no hace falta morir para ver a Cristo. Ojalá cuando nos muramos nos encontremos cara a cara con Él. Pero tú puedes ver a Jesucristo hoy mismo. En tu casa, en tu trabajo, con tus amigos, en tu historia, donde sea. Sí, en el pesebre de tu vida. En el establo en que hemos convertido nuestra vida tantas veces. Donde solo hay basura y porquería, tantas veces. Allí está Jesucristo. Allí viene el Señor, allí quiere encarnarse.

Por eso no tengas miedo, que Dios viene a tu encuentro.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola