TIENES UNA MISIÓN

”Ha echado todo lo que tenía para vivir.”

¡Cómo me ayuda hoy ver la mirada de Cristo! Ver a Cristo mirando a todos los que pululaban por el templo. Me ayuda porque uno mira lo que ama. Hoy Cristo te mira a ti y me mira a mí y está pendiente de lo que echamos al tesoro del templo. Nos mira, nos ama, no nos juzga, sabe lo que hay en nuestro corazón. Eso es lo que el Señor mira, lo que hay en tu corazón.

Y venimos tú y yo como la del evangelio: viuda y pobre. Pues así nosotros. Viudos, porque a lo mejor a nuestro esposo, Cristo, lo hemos perdido. Pobres porque no tenemos obras de vida eterna. Esas dos monedillas, que no son nada, es lo que hemos amado al de cerca esta semana. Nada. Lo que has amado al enemigo esta semana. Nada. Lo que has podido hablar bien del otro esta semana. Nada. Muy poquito, solo dos monedillas. Esa es nuestra ofrenda hoy. Pero el Señor quiere esas dos monedillas. Porque con el poquito nuestro Dios hace maravillas.

Esa viuda pobre somos nosotros. Pero el Señor ha visto algo maravilloso en tu corazón y por eso te ha elegido, te ha llamado a la Iglesia, te dio el bautismo, sembró en ti la vida eterna, y te confía una misión ¿Qué misión? Mira la viuda.

Impresionante la viuda del evangelio. Da sus bienes a los letrados, a los que “devoran los bienes de las viudas”. Esta pobre ama a su enemigo: “al que te quite lo que es tuyo no se lo reclames”. Pues ella les da todo lo que tenía para vivir. Da su vida entera, haciendo presente a Jesucristo que dio su vida en rescate por ti y por mí.

¡Qué maravilla! Llamados a ser Cristo en el mundo. Esta misión que rompe con cualquier lógica humana, la que entendemos. Esa que nos hace pensar que cuando tenemos poco tenemos que guardarlo porque se nos gasta rápido. Dios hace al contrario. Piensa de otro modo y actúa de otro modo. Él pide nuestro poco para darnos “su” mucho, su amor eterno. ¿Llamados a ser Cristo en este mundo nuestro? ¡Imposible! Es verdad, imposible si fuera nuestra obra, pero para Dios no hay nada imposible.

Pon hoy en la mesa del altar tus monedas, los pecados que traes, tus pocos logros y poca cosa más. Y el Señor con ello hará algo maravilloso porque ve lo que hay en tu corazón.

Como decía hace dos semanas el ciego Bartimeo: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí, que soy un pecador.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola