CHAVAL, ¡QUE NO TE ENTERAS!

”Bienaventurados...”

Pero ¿cómo nos va a entender el mundo? Es completamente imposible. Hoy que comienza este Sermón de la Montaña maravilloso queda patente que el mundo no nos podrá entender nunca.

Porque el mundo dice todo lo contrario: bienaventurados los ricos, los que tienen mucho dinero, o muchos dones, o mucha inteligencia, los que están llenos de talento; bienaventurados los más fuertes, nunca los mansos sino los que saben devolver mal por mal, los esforzados, los fuertes; bienaventurados no los que buscan la paz sino los que saben devolver lo que te han hecho, qué menos que ojo por ojo y diente por diente,… y así podíamos seguir con todas las bienaventuranzas.

Porque el mundo ha prescindido de Dios y ha cambiado completamente el orden de las cosas. Bienaventurado el que más roba. Bienaventurado el que aborta. Bienaventurado el que vive su sexualidad como le da la gana. Bienaventurado el que por no sufrir pide a los médicos que acaben con su vida, y se atreven a llamarla muerte digna... El mundo no nos puede entender. No podrá entendernos nunca. Y por eso nos perseguirá, se reirá de nosotros, nos ninguneará y nos tomará por idiotas. Chaval, ¡que no te enteras!

Al mundo le sobra Cristo. Quedó patente en el accidente de Adamuz, cuando se negó a los curas llegar hasta los heridos a dar la unción. Y, sin embargo, necesitaban de Cristo. Y así lo hicieron ver sus familiares en el impresionante funeral del pasado jueves: “la única presidencia que queremos a nuestro lado, es la del Dios que aquí hoy se ha hecho presente en el pan y el vino”.

Aunque no nos entiendan, aunque lo nieguen, el mundo necesita de Cristo. Él es el que se ha hecho pobre por nosotros, el que llora por Jerusalén, el manso que no se resistía cuando lo estaban clavando en un madero, el que tiene hambre y sed de la justicia de Dios hasta que, muriendo de sed, ha traído la justicia a este mundo. Él es el que muestra y realiza sobre la tierra la misericordia de Dios; Él es, como dice san Pablo, “nuestra paz”, porque mató la hostilidad en su cuerpo crucificado por nosotros. Él es el perseguido por todo el mundo porque encarna en sí mismo la justicia de Dios, el amor de Dios al pecador.

No tengas miedo si el mundo no te entiende porque tu recompensa será grande en el cielo.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola