DE MALA RAZA
”Dad el fruto que pide la conversión.”
¡Cómo me gusta el final del evangelio de hoy! Aquello de separar la paja del grano. Y me gusta porque esta es la obra que Cristo viene a hacer en nosotros.
El que sea un moralista pensará que Cristo viene a separar a los malos de los buenos, y por eso habrá que, al menos, parecer bueno, a ver si conseguimos engañar al Maestro. Yo muchas veces pensé así. De hecho en el catecismo aquel que aprendimos de niños decía que Dios es nuestro Padre que está en el cielo. Y añadía: que premia a los buenos y castiga a los malos. Y así crecimos, pobres de nosotros, que veíamos nuestra condena en cada momento de nuestra vida. Porque si de algo tenemos conciencia es de que somos unos pecadores.
Y aprendimos a comportarnos como auténticas víboras. ¿Las habéis visto en el campo? Levantas una piedra y ahí están quietas. Parecen inofensivas pero si les acercas la mano te muerden y hasta puedes morir. Así nosotros tantas veces, pareciendo buenos y santos, pero si alguno se acerca para atacarnos mordemos, y nadie nos puede decir nada. ¡Raza de víboras!
Nada que ver con esto el evangelio. Cristo viene a aventar tu vida con el soplo de su Espíritu para quemar en nosotros la paja y que quede solo el grano. El fruto verdadero. Grano de trigo que ha de ser luego triturado en el molino de nuestra propia historia para que, junto con el agua del bautismo, tu propia vida se convierta en un verdadero pan de eucaristía, en alimento para tantos. Tú: otro cuerpo de Cristo. A eso estás llamado, a convertirte en otro Cristo.
Por eso el tiempo de adviento es maravilloso. Nosotros siempre empeñados en hacernos grandes y Dios que viene a buscar a los pequeños y a los pobres, a los pecadores. Nosotros siempre empeñados en escondernos, como hicieron Adán y Eva, sin caer en la cuenta que viene Cristo, la luz del mundo.
Por eso este adviento no puede ser otro adviento más. Seguro que conoces a alguien que el año pasado celebró su última Navidad. Hoy tienes la oportunidad de dejar que el Señor haga algo nuevo en tu vida. No malgastes esta oportunidad, porque puede ser la última. Pero deja que sea Él el que obre en tu vida. Tú entrégale tu voluntad. Dile como santa Maravillas de Jesús: lo que tú quieras, como tú quieras y cuando tú quieras.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola