VIENE EL ESPOSO. SALID A SU ENCUENTRO

”...a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”

Es Adviento y la Iglesia entera grita: ¡Viene el Señor! Qué gozada. Viene en cada eucaristía, en la Palabra, en el Altar, su Cuerpo y su Sangre, el mismo que murió en la cruz, el mismo que anduvo sobre las aguas, el mismo que multiplicó los panes y curó al ciego y al leproso, el mismo que tocó Tomás después de la resurrección, el mismo que anduvo con los de Emaús. Viene el mismo Jesucristo. Se hace presente el Señor y viene a tu vida y a la mía. Entonces… ¿cómo es que sigues igual? ¿Cómo es que tu vida no cambia?

Pues porque también tú en este tiempo tienes que gritarle al Señor, como aquel ciego a las puertas de Jericó. Tienes que pedirle en este tiempo que se detenga, que se pare, que tenga misericordia de ti, que no pase de largo. Que venga este diluvio como en tiempos de Noé que acabe con todo. Que acabe con toda la maldad que llevamos dentro. Que termine con el hombre viejo que habita en nosotros, que lo ahogue de una vez porque sobrevivió a las aguas del bautismo, para que venga a nosotros el hombre nuevo, el hombre de la gracia. Que pueda vivir en ti Jesucristo. Que pueda venir el Señor a habitar en nuestro corazón.

Y... ¿cómo se le grita al Señor? Muy sencillo. Ama, deja de pensar en ti mismo un poquito y piensa en los demás; combate ese pecado que forma ya parte de tu vida, combátelo, hazle la guerra; comprende al otro que está sufriendo; perdona al que te ha ofendido; y reza, pídele al Señor con todas tus fuerzas.

Ésa será la señal de que estás esperando al Señor, de que necesitas que tu vida cambie, y el Señor, que te está viendo, lo hará con gusto.

Hoy el Señor nos da a todos la posibilidad de convertirnos, de amar, que es lo mismo. Porque no sabemos si éste será nuestro último adviento y no tenemos tiempo que perder.

Porque Dios tiene un deseo profundo en su corazón: que tú seas feliz. Y lo has intentado por tus medios muchas veces. ¿Lo eres plenamente? Hoy puedes intentarlo con Jesucristo, que para eso es el Señor, con verdadero poder sobre todo lo que te lleva hoy a la tristeza y a la muerte.

¡Ánimo! Que llega el esposo. Salid a su encuentro que viene a amarnos.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola