REY Y MENDIGO

”...la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros.”

Seguimos todavía en Navidad aunque parece que todo ha terminado. Hemos celebrado la Nochebuena, la Navidad, pasó Nochevieja y Año Nuevo, pero todavía nos queda una semana completa de Navidad, que concluirá Dios mediante con la fiesta del Bautismo del Señor el próximo domingo.

Y es tan importante este tiempo que la Iglesia no se limita a recordar la Encarnación del Hijo de Dios hace 2025 años, sino que lo hace con la esperanza de que Cristo nazca también en ti y en mí para que el mundo en el que vivimos no viva en tinieblas sino que sea iluminado por la luz verdadera que es Cristo.

Porque este es el misterio tremendo. Dios te ama tanto que ha querido vivir tu vida, compartir tu suerte. Ha tomado tu carne y la mía. Esta carne frágil que nos duele tanto; esta carne herida por tantos pecados; esta carne pobre que un día terminará en un sepulcro frío. No quiso ser Dios con apariencia de hombre, sino Dios y hombre verdadero. Es Rey... y es mendigo. La gloria de Dios se ha manifestado en la carne frágil.

Ojalá que este tiempo de Navidad la música, el turrón, las lucecillas, no te hayan despistado. Ojalá te hayas visto necesitado de Dios. Ojalá que los acontecimientos de tu vida te hayan hecho pequeño en este año, humilde y sabedor de que no puedes todo. Ojalá que te hayas visto pobre y herido porque es la única forma de no escandalizarse ante el misterio enorme de un Dios que se ha querido acercar a tu vida en la debilidad de nuestra propia carne.

Te diré que no hay mejor manera de comenzar el año. Poder gritar a Cristo que haga lo que quiera contigo, que venga la luz a tu vida, que nuestros proyectos no son sus proyectos, ni nuestros caminos son los suyos. Que los planes de Dios son siempre mucho mejores que los nuestros, que Él siempre sabe más y nos supera en todo.

Que este año la luz verdadera alumbre tu vida para que puedas dar gracias a Dios porque te ayuda, porque te envía ángeles, porque no te faltan los sacramentos ni el perdón de los pecados, porque te da la vida, porque te ha dado un matrimonio y unos hijos, o un ministerio dentro de la Iglesia, o una parroquia. Tantos motivos tenemos para bendecir a Dios… El Señor ya nos ha bendecido. Que este año que hemos comenzado sepamos también nosotros bendecirle a Él.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola