YAHVEH PROVEE
”Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Hoy me venía a la memoria Isaac subiendo al monte Moria con su padre Abraham: “Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”
Hoy Juan hace una auténtica profesión de fe: “he dado testimonio de que éste es el hijo de Dios”. Y da testimonio porque lo ha visto. ¿Tú has visto al Señor? ¿Has visto cómo te ha amado? ¿Has visto cómo ha actuado en tu vida? ¿Has visto lo que ha hecho? Entonces puedes ser testigo de Él. No porque sepas el credo de carrerilla sino porque has visto en tu propia vida que Dios ha actuado.
Me impresiona un montón la misión de Juan el Bautista. Dios lo envió al mundo para señalar al “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Es como el ángel del monte Moria que detuvo el sacrificio de Isaac y mostró a Abraham el carnero entre las zarzas.
Juan señaló al cordero para el sacrificio. Al que no se va a resistir, al que enmudecerá y no abrirá la boca para que sea válido el sacrificio. No se resistirá a entrar en la cruz, dejándose maltratar, dejándose escupir, dejándose matar. Pero ¿no dices nada? - le increpará Pilato. Y guardará silencio.
Y es que es urgente, es necesario, es una cuestión de vida o muerte que Cristo, el cordero de Dios, llegue a tu vida. ¡Qué amor nos ha tenido el Padre! Ha visto nuestra vida, nuestra debilidad, nuestros pecados. Ha visto la soberbia que nos envuelve a todos. Ha visto que nos hemos autoproclamado dioses. Por eso crees que puedes hacer lo que te da la gana. Por eso tú dices lo que es y lo que no es pecado, porque eres Dios. ¿Por qué desprecias a tu padre? Porque tú eres Dios. ¿Por qué hablas mal del otro? Porque tú eres mejor, porque eres Dios. ¿Por qué juzgas al otro? Porque el único que juzga es Dios, y tú lo eres.
Y Juan señala a Cristo que quita el pecado del mundo. Él puede y quiere arrancar la soberbia de tu vida. Viene a darte una vida nueva. Es necesaria solo una cosa: un corazón contrito y humillado. Solo cuando tenemos un corazón pobre viene el Señor a ayudarnos. Para que podamos dar como Juan testimonio de Jesucristo en el mundo, no con muchas palabras, con nuestra vida: en el matrimonio, con tus hijos, con tus compañeros de trabajo, en tu enfermedad y hasta en la hora de la muerte.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola