LA META DE TU VIDA

”Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.”

Un cura me decía esta semana hablando de las lecturas de los macabeos: “Bah, eso son solo hechos históricos”, y me dio una pena enorme, creo que lo notó. ¡Qué bonita es la liturgia! Yo cada vez disfruto más con este regalo de la Iglesia. ¡Cómo cuadra el círculo! ¡Cómo nos pone en la verdad! ¡Cómo ilumina nuestra vida y nos aleja de los moralismos, de los legalismos y de todos los ismos conocidos! ¡Cómo nos pone frente a Cristo, que no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos!

Porque este es el combate de nuestra vida: o dar la vida o guardárnosla; o salvarnos a nosotros mismos o dar la vida por los demás. Por tres veces hemos escuchado hoy en el evangelio esta apelación: ¡sálvate a ti mismo! Cristo lo tenía clarísimo. No podía salvarse a sí mismo porque había venido a salvarnos a ti y a mí.

Es la vía del amor. Es el poder del amor. No es el camino del éxito, del triunfo, de la afirmación de uno mismo, del poder... Es considerar al otro como superior a ti. Es lo que ha hecho Él, considerarte a ti por encima de su propia vida, entregando su vida por ti, para que tú lo sigas no porque te dé éxito ni fama ni dinero, no porque cumpla tus expectativas o porque te de tranquilidad en medio de tanto caos, sino porque su amor, estés viviendo lo que estés viviendo, crucificado o no, te mete hoy en el paraíso.

Estar en el paraíso, o lo que es lo mismo, poder amar. Porque si no sé servir, si no sé compartir, si no sé perder de mí mismo por amor al otro es que no soy ni tan siquiera hombre.

Todos los reyes de la tierra luchan contra las injusticias, pero éste las carga sobre sí mismo. Todos los reyes de la tierra luchan contra la pobreza, pero éste se despoja de todo para enriquecernos con su pobreza. Todos luchan contra el hambre, pero éste se nos da él mismo en alimento.

¿Quién es el rey del universo? Dios, hecho hombre crucificado que responde con amor y que tiene en su mano la meta más grande que el hombre puede alcanzar: hoy, dice este despreciado, este pobre, este descartado que es el Señor Jesús, hoy, estarás conmigo en el paraíso, la verdadera meta de nuestra vida.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola