LA PUERTA DE LA VIDA

”...volveré y os llevaré conmigo.”

Tengo que admitir que hoy tenía mis dudas. Escribir de “Todos los Santos” o del “Día de los Fieles Difuntos”. Y es que hablar de la muerte da un poco de pereza. Pero es una maravilla la liturgia, tengo que reconocerlo.

El miércoles de esta semana un catequista decía a los que le escuchábamos que nuestra vida es un camino hacia la muerte. Lo decía con la verdad aplastante de su propia vida, enfermo de cáncer metastásico desde hace siete años y convencido como san Pablo de que es con mucho lo mejor estar con Cristo, que todo lo demás es perder el tiempo, necedad y basura. Se sabía amado por el Señor en medio de todo lo que lleva encima. A mí me ayudó.

Y me ayudó porque es la verdad. Hemos sido creados para eso. No para morir, sino para vivir con Cristo. Hemos sido creados para el cielo. Por eso los cristianos llamaban al día de la muerte el “díes natalis”, el día del nacimiento para el cielo.

Pero para llegar al cielo es necesario seguir el camino. Cristo es el Camino. Hay que seguir a Cristo. Él nos ha abierto el cielo, nos ha preparado un lugar junto a Él y, si queremos, podemos seguirlo para estar con Él en la alegría eterna, en la felicidad plena.

¡No se turbe vuestro corazón! ¡No tengáis miedo! “Creed en Dios y creed también en mí.” ¿Qué es creer en Cristo? Creer en el amor del Padre.

Porque de eso hay mucho en este día. Del amor de Dios a tu vida. ¿O es que no ves eso en el cementerio? Tanta gente que allí descansa que Dios ha creado por amor a ti, para que tú vinieras a la vida, para que tú descubrieses el amor, para que tú experimentaras un anticipo del cielo. Creados por amor a ti y llevados al cielo por amor de Dios.

Por eso llevamos flores a los cementerios. No para que nadie vea cuánto los queríamos. Las flores se regalan a un vivo con este sentido. No. Sino para que podamos ver con nuestros ojos que están en el paraíso. Y por eso rezamos allá una pequeña oración y les pedimos que en la medida que puedan nos ayuden también a nosotros.

Ojalá que hoy todo a ti, como a mí, te hable del amor que Dios te tiene y no se turbe tu corazón.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola