CUESTIÓN DE NECESIDAD
”...se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás.”
Tengo que confesaros que cada vez que salgo a celebrar la Eucaristía y os veo a cada uno en su sitio me viene a la cabeza este pasaje del evangelio y me pregunto en qué estaréis pensando, en cuál será vuestra oración, en si le traéis al Señor vuestras glorias, como el fariseo, o vuestros pecados, como el publicano.
La Iglesia, que es sabia, nos ayuda con la liturgia. Por eso co-menzamos siempre la Eucaristía reconociendo nuestros peca-dos. Como si el Señor nos estuviera diciendo: vamos a celebrar una fiesta, os invito a un banquete, pero es necesario que os pongáis el traje adecuado. Y ¿cuál es ese traje? Tus pecados.
Porque es necesario que te veas necesitado del Señor para que tu vida cambie. Es necesario que sepas que tú no eres perfecto, que no lo haces todo bien, que metes la pata, que no te bastas a ti mismo, que hay cosas con las que tú no puedes. Es necesario que necesites que Cristo venga a salvarte de lo que sea. Es necesario que te veas necesitado de la misericordia de Dios, de su perdón. Es necesario que necesites que sea Cristo el que te justifique. De otra manera te justificarás tú a ti mismo, como hace el fariseo. Y fariseo viniste a la celebración y fariseo te irás a casa. Nada cambiará.
Y es necesario que no te escandalices de ti mismo. Es necesario que te encuentres con tus pecados, con toda tu pobreza, y descubras que el Señor te ama ahí. Precisamente ahí donde tú no puedes, donde tú no te dejas encontrar por nadie, donde tú te avergonzarías de ti mismo. Dios te ama.
¡Cuánto me ayuda a mí el salmo 50 que se reza en los laudes cada viernes: “Señor, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre”! ¡Cuánto me ayuda a ver que hay en mí un germen de pecado que me lleva al abismo! ¡Cuánto me ayuda para poder decirle al Señor cada día que no levante su mano de mi cabeza, que no puedo dar un duro por mi futuro, que no soy mejor que nadie, que si el Señor hoy no me ayuda estoy perdido y salgo corriendo hacia ninguna parte!
No sé cuál es tu oración en esta Eucaristía, pero ten por seguro que yo estaré rezando por ti. Ojalá mi oración alcance el cielo y el Espíritu Santo a ti hoy te convenza de pecado y te lleve a contemplar el amor de Dios en lo que sea que estés viviendo.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola