EL MESÍAS

”Tú eres el Mesías, el Hihjo de Dios vivo.”

No me gusta acercarme a la figura de los santos desde su perfección. No me gusta porque me aleja de ellos. Si pienso que san Pedro y san Pablo eran fantásticos, casi súper apóstoles, súper santos, yo me veo tan pequeño y tan pobre que me resultan inalcanzables. Estoy convencido de que eran pobres hombres como tú y como yo, pecadores, seguro, pero santos. Santos porque han vivido momentos como los que muestra hoy el evangelio.

“Tú eres el Mesías”, dirá Pedro… “eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso”, dirá el Señor. Nadie puede decir que Jesús es el Señor, dirá san Pablo, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

El Mesías, el único que tiene poder para traer el Reino de Dios. El que esperaba el pueblo elegido. ¿Lo esperas tú? ¿De verdad? ¿Esperas que venga Cristo a tu vida?

Es fantástica la Iglesia. Posiblemente sea el único lugar donde uno puede experimentar el amor de Dios sin exigencias, donde puedes descubrir que Dios te quiere como eres. Sí. Como eres. Sin pedirte que cambies. Para que experimentando ese amor en tu pobreza puedas seguir a Cristo.

Eso hace grandes a Pedro y Pablo. Han descubierto el amor de Dios a su vida cuando eran malvados y pecadores, y solo entonces, sabiéndose débiles, han podido seguirlo.

Tres años después de llamar a Pedro, Cristo lo interroga: ¿Me amas? ¿Me quieres? Y entonces, de nuevo, el Señor le llama: sígueme. Entonces, solo entonces, ha descubierto su pobreza, ha traicionado a Cristo, lo ha abandonado como el resto, y Dios le sigue amando. Dios que es fiel le ama para provocar en él el amor a Cristo.

Pablo fue llamado a lo más alto de su pueblo, fariseo de pro, perseguidor de cristianos. Un día es alcanzado por Cristo camino de Damasco y pasa de ser perseguidor a seguidor del Maestro. Cristo, aquel a quien persigue, le ama con un amor que hasta le deja ciego. Como si el mismo Cristo le dijera: Pablo, no me persigas, sígueme.

Hoy, el Señor también sale a tu encuentro. Hoy quiere que le sigas. Viene a mostrarte a ti su amor inmenso, te ama como eres, para que también tú puedas seguirlo.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola