¿ME AMAS?

”Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.”

Ha pasado la Pascua. Ha pasado el Señor. Resucitó, se apareció a un montón de gente pero tú y yo andamos igual que estábamos o peor. Igual que los apóstoles. ¡Vamos a pescar! ¡Vamos a lo de siempre! Porque aquí no cambia nada. Hemos vuelto a nuestra rutina, a nuestra idolatría, a nuestras propias esclavitudes. Pues, ánimo, porque allí te saldrá al encuentro de nuevo el Señor vencedor de la muerte.

A mí os confieso que este momento del evangelio me sobrecoge. ¡Qué ternura la de Cristo! A cada negación una pregunta: Pedro, ¿me amas? A cada pecado tuyo, a cada esclavitud, a cada idolatría, a cada tentación que has caído… el Señor la convierte en aquello que te acerca a Él. La utiliza para que tú lo ames, para que tú descubras cómo Él te ama, cómo te ha amado siempre.

Porque aquí no se trata de ser impecable y maravilloso. No se trata de ser un súper héroe. En absoluto. Se trata de conocer el amor de Dios, de ser testigo del perdón de Dios, de su poder sobre la muerte. De ser pescador de hombres.

Ser pescador de hombres. Amarlos. Sacarlos de la muerte. El mundo se está muriendo. La gente está sufriendo y no sabe por qué. Y tú y yo estamos aquí en esta barca que es la iglesia con una sola misión. Echar las redes. Amar a los hombres. Rezar por ellos. Sacarlos de la muerte y llevarlos a Cristo.

Pero sin Cristo no podemos amar. Sin Cristo no vamos a pescar ni un boquerón. Por más que lo intentemos, por más que nos empeñemos, por más horas que nos pasemos echando las redes. Con Cristo todo, sin Él nada.

Juan lo sabía. ¡Es el Señor! Porque sin Él las redes están vacías.

Ojalá que hoy tú vivas no apoyado en tus fuerzas sino en Cristo. Ojalá lo hayas descubierto Kyrios, Señor de la historia y de tu vida. Con poder para cambiar tu vida. Con verdadero poder sobre la muerte. Sí. Es Señor de lo que a ti te atormenta y esclaviza; de tu amor al dinero; de tu sexualidad desordenada; de tu debilidad y tus pecados. Tiene todo el poder, ha vencido la muerte.

Hoy Él, sale a tu encuentro y sale con poder de restaurarlo todo. ¿Me amas?, te pregunta, igual que a Pedro. Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola