¡FELIZ PASCUA! ÉL TE SIGUE AMANDO
”Llegó Jesús, estando cerradas las puertas...”
Hace una semana que vivimos el Triduo Pascual que culminaba aquella noche fantástica del sábado pasado: una noche maravillosa donde el Señor pasó con fuerza en la parroquia. Pero una semana es muchísimo tiempo. ¿Cuánto te ha durado aquella gracias? Porque a lo mejor hoy estás en los mismos pecados que antes: vuelves a ser un egoísta, un idólatra, y estás como los apóstoles, encerrado en ti mismo y muerto de miedo.
Y tú, como ellos, necesitas tocar a Cristo para poder creer. Necesitas tocar sus llagas, tocar la misericordia que Dios tiene para ti en tu vida. Y si no lo haces no podrás tener fe nunca.
Puede que alguno te haya contado lo estupendo que ha sido todo. Puede que me lo hayas oído a mí. Pero eso no te sirve de mucho, porque a lo mejor no ves a Dios por ningún sitio. A lo mejor estás esperando a que tu hijo deje las drogas, o a que tu marido vuelva a casa, o a tener un trabajo mejor, o a que te cambien al jefe. Pero nada sucede. Dios parece que no actúa, parece que te huye. Porque la fe no te viene por la fe que tenga otro sino porque tú tengas un encuentro personal con Cristo, como lo tuvo Tomás. Te pasa lo mismo: no puedes creer si no lo tocas en tu vida.
Y Cristo no pretende violentarte. Se presenta en cada eucaristía aunque tengas cerradas a cal y canto las puertas de tu vida. No las derriba. No viene con violencia. Te dice “Paz a vosotros.” No viene imponiéndote nada. Él solo viene a tu vida para que tú lo toques. Y para que, tocándole, creas.
Cristo resucitado no tiene ninguna marca de la pasión, no tiene latigazos ni está desfigurado como decía el canto del siervo de Yahvé, que no parecía hombre. Pero guarda algo: sus llagas. ¿No te has preguntado nunca por qué Jesús resucitado sigue teniendo las llagas? Para que tú y yo podamos creer en su resurrección, en que Él ha dado la vida por nosotros. Hoy sigue dando la vida por nosotros. Esto es la eucaristía. Hoy el Señor hace una nueva Pascua. Hoy el Señor muere y resucita por ti otra vez. Y a los ocho días, otra vez. En cada eucaristía, cada domingo.
Por eso te presenta sus llagas y te dice: yo te sigo amando, sigo aquí contigo. Esto nos dice también el cirio pascual, que hace presente en cada eucaristía la presencia del resucitado.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola