LA PAZ VERDADERA
”La Paz os dejo, mi Paz os doy.”
A veces el Señor habla que parece que no le entendemos, que hace un trabalenguas y nos vuelve los sesos agua. Buscamos tres pies al gato, pensamos que hay alguna trampa, alguna exigencia escondida y la Palabra se nos escapa sin darnos cuenta. Sin embargo hoy se empeña el Señor en mostrarte su amor. Me voy y vuelvo a vuestro lado. Viene el Señor hoy a traerte la paz.
La paz. La paz verdadera, que no es estar en un nirvana budista que te arrebatan enseguida los problemas diarios, los hijos, la mujer, el marido, tu jefe, quien sea. No. Hoy el Señor nos invita a la paz en nuestra propia realidad, viviendo lo que tenemos, lo que somos, lo que Dios nos ha dado. Es en tu historia concreta donde viene el Señor y te dice: la paz contigo.
Y ¿cuál es la paz Cristo? Este es el punto. Cristo trae su paz en la cruz. En la cruz experimentarás la paz, experimentarás el poder de Dios que no te deja en la muerte. Descubrirás que el Señor te da la paz en medio de tu vejez..., en medio de tu enfermedad..., en medio de tu precariedad económica..., en medio de que nadie te entiende..., en medio de lo que tú eres…, viene Cristo y te dice: “no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.
Por eso el Señor te invita hoy a guardar su Palabra. Decía Benedicto XVI que este pasaje del evangelio era una imagen implícita de la Virgen que lo guardaba todo en su corazón, y Dios la amó, y vino a ella e hizo morada en ella, se hizo carne en ella.
Pero es necesario guardar la Palabra de Cristo para que el Espíritu Santo te recuerde lo que Jesús te ha dicho en el momento oportuno: cuando estás sufriendo una injusticia, cuando tu esposo te hace un mal o tu esposa te pone mala cara, el Espíritu Santo te recuerda la Palabra. ¿Qué te dice? Amaos como yo os he amado. Perdónale que tú no eres mejor, mira cuántas veces te he perdonado yo a ti. Y cuando tu hijo se mete en las drogas o te echan del trabajo, te dice Dios proveerá, no tengas miedo.
Guarda la Palabra de Dios, que a lo mejor hoy no la necesitas. Guárdala para el día de la prueba, para el día de tu muerte, o para el día de la enfermedad, para el día de la injusticia, para el día de la tentación,… para ese día. Y sacarás la palabra que te ayudará en los hechos bien concretos de tu vida.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola