¿A QUÉ PASTOR SIGO?

”...nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.”

Llegamos al domingo cuarto de la Pascua estrenando Papa de nombre León. No sabemos si por admiración a León XIII o al discípulo amado de Francisco de Asís, el hermano León. Ya nos lo dirá si quiere. Y nos habló en el balcón de san Pedro de Cristo, buen pastor que da la vida por el rebaño de Dios.

Hoy la liturgia me lleva a preguntarme a qué pastor sigo yo. Sigo al buen pastor o sigo a pastores malos. Porque puede que esté siguiendo al amor al dinero, que me ha hecho ser avaricioso, ambicioso, tacaño, indolente frente a la precariedad de los demás. O puede que esté siguiendo a la sexualidad desordenada, que no me está llevando por aguas tranquilas sino por aguas envenenadas que me han secado la fe amándome a mí mismo. O he dejado guiar mi vida a los afectos desordenados, que no me han dejado ser libre frente a los demás. O por la vanidad, que me ha llevado a destruir mi cuerpo pensando que era horroroso y no viviendo mi vida con un amor maravilloso que el Señor nos tiene.

Porque el que sigue a Cristo tiene al menos una certeza en su vida. ¿Qué certeza? La vida eterna. Porque eso es el fruto de la Pascua que tú tengas vida eterna. O lo que es lo mismo. Que tú tengas el amor de Dios en tu vida. Dios te ama. El Señor te quiere. ¿Lo crees? Pues tienes vida eterna.

Que te ama. Que no es un justiciero como nosotros. Que no lleva cuentas del mal como las lleva el mundo. Dios nos perdona. Tiene misericordia. Te ama incondicionalmente, profundamente, ama tu historia, te ama a ti, con todo lo que tú eres y con todo lo que tú has hecho. Él te ama. Esa es la vida eterna.

Pero solo puedes experimentarla si escuchas su voz. Si la escuchas en tu historia, en lo que tú estás viviendo. Porque todo es una palabra de Dios para ti. Lo que está pasando en tu familia, lo que vives en tu trabajo, lo que hoy vives es una palabra de Dios para ti. ¿La escuchas? ¿Escuchas a Cristo en tu historia?

Porque a lo mejor has confundido la fe con la resignación: me toca vivir esto, qué le vamos a hacer… Nada más lejos. Hemos encontrado a Cristo, nos ha llenado de alegría, y nos lleva a entrar en la historia, en lo que tenemos que vivir, apoyados en su amor, felices de no estar solos, felices de estar con Él. Podemos abrazar la cruz con inmensa alegría. Porque nada podrá arrebatarnos de la mano del buen Dios.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola