UN AMOR NUEVO
”...que os améis unos a otros como yo os he amado.”
¡Qué domingo tan maravilloso! El Señor nos habla del amor, pero no de cualquier amor. De un amor como el suyo. Porque si yo no experimento en mi vida que Dios es bueno, nunca podré amar. Solo podré amarme a mí, pero para eso no se necesita a Dios. Y aun así, te amarás muy pero que muy mal.
Porque el Señor no viene nunca con exigencias. No viene diciendo: ¡tenéis que amaros! No. Él sabe que tú y yo no podemos cumplir este evangelio. Porque nunca hemos amado como Él nos ha amado, por muchos años que llevemos en la Iglesia. Nunca has amado así ni a tu mujer, ni a tu marido, ni a tus hijos, ni a tu jefe, ni mucho menos a tu suegra. Nunca has amado como Dios te ha amado a ti.
Y ¿cómo te ha amado a ti Dios? Te ha amado cuando eras su enemigo, allí donde nadie te ama, donde todos te rechazan, cuando eres malo, cuando has planeado algo contra alguien y lo has hecho, cuando eres grosero, cuando has sido altanero, cuando eres soberbio, cuando has sido un lujurioso, o un egoísta. ¿Quién puede amar a un asesino o a un violador? ¿Quién puede amar a un drogadicto que se te presenta todo puesto amenazante? ¿O a un pobre que se te acerca sucio y oliendo mal? ¿Quién ama a todos esos? ¿Tú? ¿Yo? No. Dios. Solo Dios.
Y cuando tú descubres que tú eres ese asesino, o ese hombre lujurioso, que tú eres ese pobre apestoso, o ese violento, y que Dios te ama así, tu vida se transforma. Es lo único que puede transformar tu vida. Y puedes empezar a amar al otro como Dios te ha amado a ti.
Por eso la fe es para los pobres. Para los que alguna vez en su vida han experimentado que nadie los amaba. Que hacían todo mal. Pero que se han encontrado con ese amor y se convierten.
Por eso Cristo se acercaba a los publicanos y pecadores, a las prostitutas, a quienes no eran dignos de entrar al templo o a la sinagoga, a los cojos, los mudos, los leprosos, las que sufrían flujos de sangre, los muertos,… Esos somos nosotros.
“Amaos como yo os he amado”. Este evangelio no es una exigencia. Es una gracia. Que la puede vivir solamente aquel que ha sido amado. Amad incluso a vuestros enemigos, les dice cuando Judas va a entregarlo, como si les dijese “como yo amo a Judas también”. Siempre existió el amor, sí, pero este mandamiento ahora es nuevo, amad incluso a los que os odian.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola