DOS HOMBRES

”El Espíritu lo fue llevando por el desierto.”

No puedo dejar de pensar en la meditación de las dos banderas propuesta por San Ignacio en los Ejercicios. Siempre me la recuerda el primer domingo de la cuaresma con las tentaciones en el desierto. Aquellos ejercicios en la casa de Javier a finales de los 90, cuando era joven de verdad, no como ahora que paso los 50..., aquella meditación concretamente marcó mi vida, que ya había sido tocada por el anuncio del kerigma. Y es que no se puede servir a dos señores. San Ignacio lo tenía claro.

Porque muestra el evangelio hoy dos formas completamente opuestas de comprender la vida. Ya lo dice Cristo en el evangelio: “el que no está conmigo está contra mí”. Dos antropologías distintas y un único combate. El hombre celeste al que aspiramos y el hombre terreno que nos atrae tanto. Y en medio... el tentador. Ése que algunos se empeñan en negar. Ése al que se enfrentó San Ignacio, el cura de Ars, y tantos santos, el seductor del mundo entero.

Un combate épico contra tres tentaciones que vienen a tu vida y a la mía cuando menos lo piensas: la tentación de la seguridad. La tentación de los ídolos. Y la tentación de la historia. Que si no estamos atentos caemos a la primera.

Porque no aceptamos la historia que Dios nos ha dado. Cuánto no darías muchas veces por cambiar a tu mujer o a tu marido, o por cambiar a tu jefe, o por que tus hijos fuesen de otra manera, o por tener un carácter distinto al que tienes, que no te gusta como eres. No sé, lo que sea. Que actúe Dios, que haga algo, ¿no es Él tu padre?

Los ídolos, el dinero. Todo es dinero. Todo se hace por dinero. ¿No lo ves? Las guerras, la corrupción, los asesinatos, los abortos, la eutanasia. Eso es dinero. La pornografía, la prostitución, todo dinero. Todo por dinero. El dinero es lo que mueve el mundo y lo que lo destruye muchas veces, las más de las veces. Porque nada es gratis, hinca la rodilla, inclínate y lo conseguirás todo. Eso sí, te perderás a ti mismo.

Este tiempo de cotejo que es la cuaresma, como os decía el miércoles de ceniza, es un tiempo fantástico para que puedas descubrir cómo Dios te ama. Mira en tu corazón, descubre lo pobre que eres y déjate amar por Él. Y no tengas miedo, que de su mano todas las tentaciones están vencidas.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola