¡ESPABILA!
”...espabilándose vieron su gloria...”
Pero mira que es enorme la figura de Pedro. No descansa la Iglesia en el mejor de los apóstoles, en el más espabilado, en el más despierto. Pedro duerme. Se cae de sueño en este momento de la transfiguración. Se lo lleva el Señor a Getsemaní el día del gran combate y se duerme. Se pasa el día durmiendo.
A lo mejor tú estás hoy como Pedro, que te caes de sueño, que estás cansado. Cansado de la vida, que ya no sabes qué hacer con tu matrimonio o con tu soledad. Estás cansado de soportar esa enfermedad que tanto te limita. O te has cansado de educar a tus hijos y quieres tirar ya la toalla, que hagan lo que quieran, total… estás cansado de la vejez, cansado de estudiar, cansado de trabajar...no lo sé. Pues aunque estés cansado, hoy el Señor quiere abrirte el cielo y te invita a la eucaristía para transfigurarse delante de ti.
¿Y dónde quiere transfigurarse el Señor? ¿Dónde está tu Tabor particular? En tu propia vida, allá donde está tu cruz. Dice la Iglesia primitiva que la cruz es la luz radiante del rostro del Padre. Por eso hemos escuchado en el salmo “Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.”
Poder entrar en la cruz que hoy tienes, la que sea, y poder decir como Pedro “qué bien se está aquí”, eso es el cielo. No sé cuál es tu idea del cielo. ¿Es tu cielo estar en una playa de la República Dominicana con la pulsera de todo incluido? ¿Es ese tu cielo? ¿O que tu esposa sea complaciente? ¿Qué tu marido sea cariñoso? ¿Cuál es tu cielo? Porque el cielo está en la cruz, la puerta estrecha.
Porque quien gane su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la encontrará. Perder la vida por Cristo es amar. Algún día tú perderás la vida amando, estarás transfigurado. Y ni tan siquiera tú podrás reconocerte.
¡No tengáis miedo! Dios actúa y lo hace con poder cuando no hay en ti incredulidad. Ojalá que podamos escuchar la voz del cielo en lo que sea que estemos viviendo: ahí está mi Hijo, escúchalo. Escúchalo porque está ahí, viviendo la enfermedad contigo. Escúchalo porque llega contigo a duras penas a fin de mes. Escúchalo porque Él es tu descanso cuando el trabajo se vuelve cuesta arriba. Escúchalo que Él quiere estar contigo.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola