VUELVE A CASA, VUELVE

”Me pondré en camino adonde está mi Padre...”...”

No sé quién eres tú en el evangelio de hoy. No sé si eres el hijo menor, el que le ha dicho a su padre que se muera, que le dé la herencia. No sé si eres el hijo mayor, el que desprecia a su hermano y piensa mal de su padre. O eres uno de esos que comían algarrobas y que cuidaba el pródigo. No hay muchas más opciones. Pero es una maravilla si hoy puedes verte en este evangelio, que dicho sea de paso es una preciosidad.

El hijo menor se ha ido a un país lejano. ¿Cuánto de lejos estás tú hoy del Señor? ¿Has llegado ya a estar más bajo que los cerdos? Porque no podía comer ni lo que comían los cerdos el pobre. Era peor que los cerdos. ¿Has llegado a tocar fondo? ¿A ser lo peor? Ser lo peor: estar en el infierno más hondo. ¿Has llegado allá?

Pues que sepas que el Señor quiere darte a ti el mejor vestido. Quiere cubrir tu desnudez. Quiere cubrir tus vergüenzas, quiere cubrir tu pecado. Por eso quiere darte la túnica bautismal.

Y no solo quiere cubrir tu desnudez. Te da el mejor ternero, el que se cebaba para la gran fiesta. Ese ternero es para ti y ese ternero es Cristo, que te lo da hoy en esta eucaristía. Hoy el Señor sacrifica a su propio hijo para ti, para hacer esta fiesta, este banquete, esta eucaristía. Todo esto es para ti.

Hoy el Señor sale corriendo a tu encuentro. Te ama. Esa es su misericordia. Un amor gratuito aun cuando tú no te lo mereces. Te perdona cuando no tienes perdón. Porque lo que ha hecho este hijo pequeño es para matarlo, pero Dios en cambio sale en su busca cuando todavía está lejos.

Y el hijo mayor, también eres tú, que te crees mejor que los demás. Y a lo mejor ni tan siquiera necesitas de Dios. Igual que los fariseos.

Esta eucaristía, este banquete, es para los pecadores, para los que necesitan ser amados, para los publicanos que saben que no tienen derecho a nada, que se saben pobres.

Por eso alégrate, hombre, que tienes un padre misericordioso, un padre bueno que lo perdona todo, que te ama siempre, que está contigo. Entra en ti, hombre, y no tengas miedo. Vuelve a la casa de tu Padre, porque te quiere.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola