CARITAS CHRISTI URGET NOS
”...déjala todavía este año...”
¡Qué maravilla la Cuaresma! ¡Cómo nos pone en nuestra realidad! Porque estamos tan acostumbrados a mirar hacia fuera que no nos damos cuenta de todo lo que llevamos dentro.
Miramos hacia afuera y vemos lo mismo que aquellos que se presentaron al Señor: un mundo roto, escandalosamente roto. El mundo está viviendo un nivel de tensión escandaloso, y no se dice el nivel de tensión real para que la gente no tenga miedo, porque el riesgo de la Tercera Guerra Mundial está en la mesa. Ahí está Ucrania, Gaza y tantísimos lugares donde hay conflictos armados. La corrupción a todos los niveles. Algo terrible. Una hora trágica la que está viviendo el mundo.
Hay cientos de jóvenes que viven completamente desorientados, que no saben qué hacer. Me contaba un cura de Zaragoza de los dramas que se oyen en la calle por la noche. Escuchaba a una chavala que le decía a una amiga que no quería vivir, que quería quitarse la vida y que por favor que no llamara a nadie que ella quería terminar con su vida. Esto apenas dos semanas atrás en Zaragoza.
Y Cristo nos mira a nosotros y nos encuentra como aquella higuera, llena de hojas pero sin fruto alguno. Hablamos, nos reunimos, volvemos a hablar, pero no nos convertimos.
Por eso este tiempo de cuaresma es el tiempo en el que el Señor nos visita, viene a nuestra vida para preparar el terreno, para abonar nuestra vida. Y lo hace con paciencia, sin juzgarnos en absoluto, sin condenarnos.
Déjala todavía este año, dice de la higuera y lo dice de ti y de mí. Un año más. Un poco más de tiempo donde Él mismo quiere trabajar nuestra vida para llevarnos a la Pascua. Para que tú y yo podamos conocer aquel amor inmenso que pagó nuestras deudas en el madero santo donde el Siervo Sufriente nos dio la vida entregando la suya.
Para que conociendo el amor te duela el mundo. ¿Cómo no desgastarse por anunciar el evangelio? ¿Cómo no entregar nuestra vida para sembrar un poco de esperanza en medio de esta generación perversa?
¡Ánimo! Dios te quiere. Si conoces su amor, si te conviertes, ya no podrás callarlo. Serás apóstol. Sembrarás esperanza.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola