DIOS TE AMA CON PASIÓN
”El primero entre vosotros pórtese como el menor...”
Ya hemos empezado la Semana Santa y lo hacemos con el relato de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo que a nadie puede dejar indiferente. Esta semana, el recuerdo de la Pasión y Muerte de Jesús se entremezcla con la alegría de saberlo vivo, vencedor del pecado y de la muerte. Y con la responsabilidad de sabernos continuadores de su obra. Por eso, ante la Pasión no tenemos derecho a ser meros espectadores.
Así sucede siempre. No deja indiferente a nadie. Unos lo mirarán desde el sentimiento, dirán: “¡Pobrecico Cristo!” “¡Cuánto sufrimiento!” “¡Qué injusticia el pobre!” No lo sé. Otros lo mirarán desde la fe y se dejarán abrazar por los brazos abiertos del Crucificado, descubriendo en lo que celebramos la mayor declaración de amor, la más verdadera, que nadie te ha hecho nunca ni te hará jamás. Porque en el fondo es eso lo que la Iglesia nos pone delante: el amor de Dios hasta el extremo, dando la vida por ti. Esa es la clave, que Dios te ama con una pasión escandalosa porque eres la niña de sus ojos.
Cristo entra en la cruz y lo hace por amor a ti. Cada gesto, cada palabra y cada acción de Cristo en este evangelio no es otra cosa sino una caricia de amor de Dios hacia ti.
Y es que Dios no podía haberlo hecho mejor, sinceramente. Si hubiera venido triunfante..., si hubiera venido imponiéndose..., los pobres, los que no podemos muchas veces con nuestras limitaciones, nos habríamos sentido incapaces de acercarnos a Él. Pero no vino así. Él, siendo Dios, quiso despojarse de su rango, quiso ponerse en la fila con todos y ocupó el último puesto. Como uno cualquiera. Tuvo que afrontar el frío y el calor, el cansancio y el fracaso, la espantada de los amigos y la ausencia de Dios, el dolor y la muerte. ¡Y qué muerte! Una muerte de cruz.
Un domingo impresionante el de Ramos. Dios que te dice que te ama profundamente, que te ama como eres, en lo que vives, en lo que estás haciendo hoy. Es como un novio que quiere entrar en la habitación de la novia para tomarla como esposa. Y a lo mejor nos encuentra desarreglados, sucios, hasta oliendo mal. Y en lugar de echárnoslo en cara se hace nada por nosotros, se ensucia, se despeina, se hace igual a nosotros, se hace pecado por nosotros. Fíjate qué novio que no quiere cambiarte, sino que cambia Él. Déjate amar hoy con esta pasión ardiente.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola