YA SE ATISBA LA PASCUA

”...le traen una mujer sorprendida en adulterio...”

¡Cuánta misericordia la del Señor en este tiempo de Cuaresma! Combatió por nosotros contra el mismo demonio en el desierto; nos mostró después su gloria, la misma que nos espera a nosotros; nos enseñó que tiene paciencia con nosotros aunque no demos frutos como aquella higuera que Él mismo cavaba y abonaba; esperó al hijo pródigo para abrazarlo y comérselo a besos igual que nos espera a nosotros; y hoy Él, el único libre de pecado, no ha querido tirarnos la primera piedra. Todo para que tú y yo podamos tocar su misericordia, su amor gratuito. Cristo te ama.

Dios hizo una historia con un pueblo de esclavos como la quiere hacer contigo y conmigo. No era el mejor pueblo de toda la tierra, como tú y yo no somos los mejores del mundo, más bien del montón, si no peores que muchos. Un pueblo de cerviz dura, que no quería obedecer a Dios, que murmuraba y se quejaba del Dios que les dio la libertad, como tú y yo nos quejamos de la historia que Dios hace con nosotros muchas veces. Un pueblo que le honraba con los labios pero tenía el corazón lejos de Dios, incoherente como nosotros tantas veces.

Ver hoy nuestra pobreza nos lleva a gustar el amor de Dios. Ya se acerca el “oh feliz culpa” del pregón pascual. Ya se atisba la pascua.

Por eso todo lo estimo pérdida, todo es basura con tal de ganar a Cristo dirá san Pablo. Todo es todo: tus hijos, el dinero, la sexualidad, la familia, el trabajo, el ser, la belleza, el poder, la vanidad,... todo es basura con tal de ganar a Cristo.

Aún nos queda tiempo para ganar a Cristo, para gustar su amor sin moralismos. Ojalá descubrieses que Dios te ama no por tu bien hacer ni tus grandezas. Ojalá te descubras hoy como la adúltera del evangelio. Sí. Esa pobre mujer que no buscaba a Cristo, adúltera y pecadora pública. Fue llevada ante Cristo por sus pecados, que dice la Escritura que eran flagrantes, “oh feliz culpa”.

Apenas queda tiempo para ganar a Cristo, para dejar que Cristo viva en ti y cumplas tu misión de ser sal, luz y levadura nueva, de ser cristiano. No porque eres mejor que nadie sino porque Cristo ha puesto en ti su tienda, ha hecho de ti su templo. Hoy, Dios, puede habitar en ti.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola