¡MÍRALE Y VIVE!

”¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?”

Viene este año tan tarde la pascua que tenemos tiempo de escuchar el sermón del llano casi entero antes de empezar la cuaresma. Como una buena preparación para lo que nos viene: ser testigos de esta maniobra maravillosa en la que Dios, como buen estratega, destruirá la muerte desde dentro cuando ella creía que ya nos había vencido, que había terminado para siempre con el autor de la vida. Y, sin embargo, dice san Pablo hoy que la muerte ha sido absorbida en la victoria.

Porque todos los días experimentamos la muerte. Siempre hay algo en nuestra vida que nos destruye, que nos mata. Hoy, de hecho, has venido a la eucaristía tocado por alguna muerte. Puede ser la relación con tu mujer o con tu marido. Puede ser que no tienes dinero, o que un hijo se te ha metido en las drogas o se te ha ido de casa dando un portazo, o que los años te van robando las fuerzas y la libertad, o una enfermedad que no esperabas, o que se ha muerto tu otra mitad y la soledad ha caído sobre ti como una losa; o que tus amigos te han despreciado hasta el extremo de abandonarte. No lo sé. Sé muy bien qué me destruye a mí hoy. Sé muy bien cuál es mi muerte. Piensa en la tuya. Porque seguro que hoy algo de muerte hay en tu vida.

¡Cristo ha vencido a la muerte! Y si todavía no lo has visto entra en el camino cuaresmal hacia esta victoria porque serás testigo de la Pascua.

¡Cristo ha vencido! Tú y yo todavía no. ¿Sabes por qué? Porque todavía estamos ciegos y nos empeñamos en guiar a otros ciegos. Nos guiamos a nosotros mismos. Ciegos que guían a ciegos.

Nos dejamos guiar por nuestra razón siempre. O por nuestros criterios. O por nuestros proyectos. Y caemos en el hoyo una y otra vez.

¡Ánimo! Hay uno que no es ciego. Hay uno que ha vencido a la muerte y puede guiarte para que tú no mueras. Cristo puede guiarte para que ese acontecimiento que estás viviendo hoy no te destruya. ¡Mírale y deja de mirarte a ti mismo! Porque Él puede darte hoy la vida eterna y hacerte caminar sobre las aguas turbulentas de tu vida sin hundirte.

Él ha vencido la muerte. Y su victoria puede ser hoy la tuya.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola