PONIENDO LOS CIMIENTOS

”...levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo...”

Sinceramente no sé qué pasaje me gusta más de las bienaventuranzas, si el archiconocido de Mateo o éste de Lucas. Porque en este domingo, Cristo, dice el evangelio, levantando los ojos hacia sus discípulos les habló. O sea, que Cristo es uno que no te mira por encima del hombro, como tanta gente, sino uno que se pone debajo de ti, uno que se hace más pequeño que tú.

Hoy, Él, igual que entonces, levanta la mirada hacia ti y hacia mí, y con un amor inmenso nos habla. Para que si hay alguno que está viviendo lo que dice el evangelio, si hay alguno que es tan pobre que no puede ni con las orejas, alguien que ha descubierto que no hay nada que le sacie, o alguien que esté llorando, alguien a quien le están haciendo la vida imposible, alguien a quien persiguen, alguien a quien sus “amigos” o compañeros han excluido, han dado por perdido, alguien que esté sufriendo, pueda experimentar en este domingo que Cristo ha venido por él. Que hay uno que le quiere hasta el punto de hacerlo dichoso. Dichoso porque tiene a Cristo.

¿Eres pobre? No tengas miedo, porque Él quiere enriquecerte con su Palabra, con los sacramentos, con su propia vida. ¿Tienes hambre? No tengas miedo, porque Él se convertirá en tu alimento, Él será tu pan. ¿Lloras? ¿Estás triste? Ánimo, porque Él convertirá tu tristeza en gozo igual que aquellas mujeres que muy de mañana marchaban al sepulcro pensando que todo había terminado cuando todo empezaba. ¿Te odian? ¿Te persiguen? ¿Te difaman? Él es tu fortaleza, y si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Eres fuerte,... pero fuerte con Dios, que pondrá a tus enemigos como escabel de tus pies.

Si hoy resonase en ti la gracia del bautismo... Si hoy en tu corazón germinara aquella semilla de la fe que fue sembrada en ti en la pila en la que fuiste engendrado para la vida eterna… Si hoy en el horizonte de tu vida brilla la luz de Dios, que está contigo y te ama profundamente, que te quiere con un amor inmenso y te defiende,… nada te importaría, porque todo sucede por el bien de los que aman a Cristo.

Dios te ama y te amará siempre. Se lo digo a los niños en la catequesis que los tengo aburridos, y te lo digo a ti. No se te olvide, porque el amor de Dios es el mejor cimiento, el único cimiento, donde tú y yo podemos levantar nuestra vida.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola