¿ERES CRISTIANO?
”A los que me escucháis os digo...”
Solamente Dios puede ser misericordioso. Sólo Dios tiene misericordia. Y tú puedes ser misericordioso si Dios habita en ti. Solo si Dios habita en ti. Porque tú y yo hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y la imagen de Dios es la misericordia. Y esa imagen está impresa en ti aunque el pecado la oculte, o tus proyectos o la incapacidad que tienes de poder amar al otro como es, por el pecado original, que hace que todo te lo tengas que ofrecer a ti mismo continuamente.
Cristo te dice sé misericordioso como tu Padre es misericordioso. Te lo dice a ti y me lo dice a mí. Porque no es cristiano el que ama. O ¿crees que los asesinos no aman? ¿Crees que Hitler no amó a nadie? Todos aman a los que los aman. También los asesinos lo hacen. Hasta los violadores aman. Es cristiano el que ama a su enemigo. Porque amar al enemigo no puede hacerlo un no cristiano.
Porque todo lo demás puede hacerlo cualquiera. Y mejor que nosotros muchas veces. ¿Rezar? Mucho más que nosotros los budistas. ¿Obras de caridad? Cualquiera las hace, hasta los ateos. ¿Ayunar? Mira el ramadán, que ni agua toman en todo el día. ¿Amar al enemigo? He ahí la cuestión. Eso solo pueden hacerlo los cristianos.
Y no te asustes si hoy no puedes hacerlo, por mucho que vengas a la Iglesia y por más que reces. Tampoco yo puedo muchas veces. Es solo que todavía nos falta mucho para ser cristianos, para ser santos.
Entonces, ¿por qué Cristo te pide lo que te pide? ¿Por qué Cristo te dice: Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames? ¿Por qué te pide lo que hoy no puedes hacer? Porque Él lo ha hecho por ti. Él ha puesto la otra mejilla; Él ha dado su vida entera a los que le quitaron la túnica para echársela a suertes;…
Hoy el Señor nos pone frente a una paradoja. Porque si contemplamos este pasaje solo como un ideal lo encontraremos inalcanzable y acabaremos abandonándolo por el camino. Pero si descubrimos en él la obra que Dios viene a hacer en nosotros encontraremos nuestro descanso. Y un día diremos junto a los santos: ¡Oh Jesús, amor mío, cuánto me has amado!
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola