CIERRA LOS OJOS

”Luz para alumbrar a las naciones.”

Fiesta grande. Tan grande que puede sobre el domingo. Cuarenta días después de la Navidad: la Presentación del Señor. El día en que la Iglesia hace la primera de las tres bendiciones solemnes que propone la liturgia durante el año: Candelas, Ceniza y Ramos.

Cristo entra por primera vez en el templo en brazos de sus padres. Este es el punto, Cristo entra en el templo y es reconocido como luz que alumbra a las naciones. Y la historia se repite año tras año: Dios quiere presentarte a su Hijo para que sea luz en tus tinieblas.

La semana pasada te pedía que abrieses bien los ojos. Hoy te pido que los cierres. Que te imagines un mundo completamente a oscuras, sin ninguna luz posible. ¿Te lo imaginas? Ya no hay colores, ni tan siquiera sombras. Solo hay oscuridad, solo tinieblas. Pues ese mundo que te imaginas es tu corazón y el mío. Un mundo herido por la sospecha de Dios, por el pecado. Y ahí, en ese corazón oscurecido, quiere entrar Cristo. Eres su templo.

La sospecha de Dios, el hombre viejo del que hablan los Padres. Un hombre que no puede amar, que todo lo vive para sí mismo. Un hombre que es egoísta, soberbio, un hombre que no es humilde. El hombre viejo. Un hombre que ama el dinero, que guarda rencores escondidos hasta el punto del odio… Este hombre lo tenemos todos dentro oscureciendo nuestra vida.

Y ahí quiere entrar Cristo. Ahí quiere crecer el hombre nuevo. Un hombre capaz de amar hasta el extremo, capaz de comprender al otro, de ser misericordioso, de perdonar, de no pensar solo en sí mismo. El hombre nuevo es feliz, tiene la vida eterna dentro, una vida que Dios ya ha preparado para ti y te la quiere dar.

No es que “a lo mejor llegue”, no es que “tal vez”, o que “mira a ver si tú cumples no sé qué condiciones”, no. Hoy Cristo viene a ti porque ve cómo sufres, sabe lo que te pasa, Él te quiere, te mira compasivo y se deleita en ti. Por eso viene a ti para salvarte, para habitar en ti, para vivir contigo.

Te quiere igual que al pueblo de Israel cuando estaba en Egipto y era esclavo. Hizo Pascua con ellos y los pasó a la tierra que tenía pensado regalarles junto a la libertad. Hoy Cristo viene a ti, y si te dejas, hará Pascua contigo.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola