ABRE LOS OJOS

”Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.”

Domingo de la Palabra de Dios. Siempre que lo celebramos pienso en lo mismo: Dios ha hablado. Ha dicho una palabra para ti y para mí. Dios ha hablado en Jesucristo. ¿No te basta? ¿No te basta que Dios haya enviado a su hijo al mundo por amor a ti? ¿No te basta que andas buscando todavía no sé qué revelaciones nuevas? Dios ha hablado y ya lo ha dicho todo. Y su Palabra, la palabra que te salva hoy, es Cristo. Y Cristo está en la Iglesia, donde dos o más están reunidos en su nombre.

Y mira tú por donde que si te falta Cristo no puedes ser feliz. Así de simple. La culpa de tu infelicidad no la tiene el que no tienes dinero, que no llegas a final de mes, no. La culpa de tu infelicidad es que no tienes a Cristo. No es que no eres feliz porque tu marido es no sé cómo y no te hace caso, o porque tu mujer es como es y no te entiende. No. No eres feliz porque no tienes a Cristo. No tiene la culpa de tu infelicidad el estar en una parroquia o en la otra, el tener estos hijos o el no poder tenerlos, el que te quieran todos o no te quiera nadie. No. No eres feliz porque no tienes a Cristo.

Porque con Cristo puedes ser pobre o rico; puedes amar a esa mujer o a ese marido; puedes aceptar a tus hijos o aceptar que no los tienes; puedes estar en esta parroquia o en la otra. Con Cristo tú lo puedes todo. Hasta puedes vivir en la cárcel pero libre. Con Él lo puedes todo, sin Él...nada.

Por eso abre los ojos y mira a Cristo. Todos tenían los ojos puestos en Él. Puede que te hayas distraído esta semana, que hayas dejado de mirarle y andes cansado y abatido. Por eso la eucaristía cada domingo viene en tu ayuda. La Iglesia levanta de nuevo delante de ti a Cristo y te dice bien fuerte “abre los ojos: mira al Amor, mira cómo te ama”.

No tengas miedo. Dios viene al hoy de tu vida, a lo que estás viviendo, sea lo que sea, para meterte en el año de gracia del Señor. Ojalá te encuentre pobre, porque te falta algo, cautivo, porque eres un pecador, ciego, porque no veas por ninguna parte que Dios te ame, u oprimido, porque los acontecimientos te superan. Entonces verás la salvación de Dios. Entonces descubrirás que esta palabra se cumple hoy, ya se ha cumplido.

¡Abre los ojos! ¡No tengas miedo! Dios ya ha enviado a su Hijo. Él viene ya a salvarte porque te ama.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola