¿A FAVOR O EN CONTRA?
”...porque no es de los nuestros.”
Nunca la Palabra de Dios es un moralismo, si lo fuera muchos cristianos estaríamos sin ojos, sin manos y sin pies. Y menos mal que no dijo el Señor si un pensamiento te induce a pecar córtate la cabeza, porque andaríamos todos descabezados. No es un moralismo esto. El Señor ya nos conoce y por eso hemos comenzado la eucaristía con una oración preciosa: “Oh Dios que manifiestas tu poder especialmente con el perdón y la misericordia…”
La misericordia es la regeneración de cada uno de nosotros. Su misericordia nos engendra nuevamente. Por eso hoy la eucaristía pretende hacer en nosotros esto, hacernos nuevos. Porque cada eucaristía es esto: que tú puedas entrar en tu vida y darte cuenta que Dios te ama para poder hacer como el hijo pródigo, regresar a casa, entrar en el banquete. Porque para Dios nada hay imposible y porque no quiere que nada se pierda. Él viene a por ti y te ama.
Es curioso este pasaje del evangelio porque hace presente la misión que recibiste el día de tu bautismo, cuando fuiste consagrado con el santo crisma para ser profeta. Porque…¿qué hace un profeta? ¿Adivinar el futuro? ¿Hablar lenguas raras? ¿Qué es lo propio del profeta? Amar. El Señor te ha enviado por el bautismo a amar. ¿Cómo vas con esa misión? Porque no has sido enviado a amarte a ti mismo sino a dar la vida, a amar. Eso es profetizar, y no puedes hacerlo si no recibes el Espíritu Santo.
Hoy Juan pela el cobre, muestra lo que lleva dentro. Juan, el discípulo amado, se ha vuelto un fanático. Cree que solo ellos son los elegidos, los puros, los buenos, los que actúan, los que convierten, los que echan demonios, ellos. Ahí Juan no está amando. La Iglesia es muy grande. El orgullo nos ciega, el creernos mejor que los demás nos ciega, nos impide ver el bien que están haciendo otros.
Por eso Dios nos ayuda, porque no puedes ser profeta con un ojo enfermo, con una mano enferma o con un pie torcido. Vivimos siempre esta dualidad de querer hacer el bien y se nos presenta el mal, de querer perdonar y no poder, … no puedes arrancar de ti el hombre viejo que te sale a veces a borbotones. ¿Cómo dar muerte a este hombre viejo? Solo Dios puede hacerlo. Y lo va a hacer con su amor. Ánimo, que amarás como Él.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola