De pecados va la cosa esta semana. De pecados, y de pecadores bien grandes. Que las prostitutas y los publicanos, dice hoy el evangelio, nos precederán en el reino de los cielos. “Os lo aseguro”, dice el Señor. ¡Casi nada!
Decía san Ignacio de Loyola que el amor se demuestra más en las obras que en las palabras. No es que las palabras no sean importantes, pero las obras son mucho más reveladoras de nuestro amor que las palabras. Porque podemos decir y no hacer, como le pasa al hijo de la parábola. Y porque en el fondo uno hace aquello que ama.
Las cosas importantes de la vida no son aquellas que nos garantizan el éxito, que nos garantizan el aplauso y el dinero. Ni mucho menos. Las cosas más importantes de la vida son las que nos acercan a Dios.
En un momento dado puede ser ir a ver a un amigo que lo necesita; en otro momento igual es hablar con un hijo con el que hace tiempo que no hablamos; otras veces puede ser pasarse el día rezando. Pueden ser mil situaciones y mil circunstancias distintas. A veces puede ser simplemente sonreír porque no sé quién decía que una sonrisa cuesta muy poco y da más luz que cien bombillas juntas encendidas.
No busques amigos sin defectos porque entonces te quedarás sin amigos. Todos estamos llenos de defectos. Tus amigos no te quieren porque seas perfecto. Tus amigos te quieren porque ven a Dios en ti.
Rezando esta semana con la oración de abandono del Padre Foucauld me ha dado por pensar que la verdadera libertad no está en ser dueños de nuestra propia vida. La libertad verdadera es cuando comprendemos que nuestra vida no está en nuestras manos sino en las manos de Dios. Y cuando finalmente somos capaces de entenderlo, es entonces que descansamos del todo.
Podemos prestar a Cristo nuestra vida, nuestra humanidad, tanta pobreza..., para que Él disponga realmente de nosotros, para que siga tocando este mundo con nuestras manos y siga abrazándolo con nuestros brazos. Podemos, siempre podemos, trabajar en la viña del Señor, aunque le hayamos dicho que no.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola
