Es maravilloso este evangelio. Es el momento de Cristo. Es el momento en el que el Señor te muestra cómo va a obrar en ti, con qué intenciones viene. Y os prometo que es maravilloso. Porque lo va a hacer todo Él. Es el tiempo del Vino Nuevo que la Iglesia trae cada día a la Eucaristía como signo de la Tierra Prometida, de la Alianza Eterna del amor que se entrega.
El agua nos decían en la escuela no tiene sabor, no tiene color y no tiene olor. Y si no, no es buena agua. El vino es todo lo contrario. Acostumbrados como estamos al vino en esta tierra nuestra hasta nos hemos vuelto expertos catadores. Y cuando nos sirven una copa la levantamos para mirar el color, el brillo, la lágrima. Y según el color sabemos si es joven o añejo. Lo olfateamos en busca de matices de madera y de fruta. Y terminamos saboreándolo despacio atentos al gusto y al retrogusto y a no sé cuántas cosas más. Nada que ver con el agua. Es que es todo lo contrario porque tiene que tener color, olor y sabor.
Pues con esta intención se acerca el Señor a tu vida. Quiere transformar el agua en vino. Quiere hacer de un pecador como tú un santo. De un hombre que es infiel hace un hombre fiel. De un hombre que no puede amar hace uno capaz de dar la vida por el otro. De un hombre atado al dinero hace un hombre generoso. De un borracho, un sobrio. De un lujurioso, un casto. Es Él quien va a pasarnos de la ley a la gracia. Sólo Él puede hacerlo.
Pero es que además lo quiere hacer porque se lo pide su madre. Es ella la que está siempre mirándote, siempre velando por ti. Es ella la que intercede por ti ante su hijo. Y a ti te dice hoy lo mismo que a aquellos sirvientes: haced lo que Él os diga. Y, ¿qué te ha dicho Cristo? “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Lo recordaba el Papa León en junio en Montserrat.
Pues en el monte de tu vida, en tu Valvanera particular, allá donde el miedo ha vencido a la esperanza, donde los problemas te saben a angustia, en tu cruz pesada, donde ya no puedes, donde no hay salida, donde todo es oscuridad y abismo, donde solo hay agua, es donde el Señor a través de la Virgen hará el milagro. Y te dará el vino que te falta, la alegría colmada y la esperanza. La Virgen, madre de Dios y madre nuestra, te está esperando.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola
